El frijol ayocote es originario de las partes altas de Mesoamérica, donde se ha cultivado desde tiempos precolombinos.
De acuerdo con las evidencias lingüísticas, arqueológicas y geográficas, los especialistas sugieren que se domesticó hace 7,000 a 9,000 años en las partes altas de México y que muy probablemente los genotipos primitivos se dispersaron a Sudamérica posteriormente.
Además de ser parte crucial en la alimentación del mexicano por su gran sabor, también es una parte importante de la identidad nacional.
La palabra ayocote procede del náhuatl “ayecotli” que quiere decir, frijoles gordos. Su forma es muy similar al frijol común (Phaseolus vulgaris), pero de un mayor tamaño, de ahí que algunos lo conozcan como frijolón. Los hay de diferentes colores, desde los morados, negras, cafés, blancos, rosas, hasta las pintas.
El banco de germoplasma del INIFAP ha logrado reunir, en la actualidad, un total de 798 accesiones de la forma domesticada de frijol ayocote.
El ayocote es cultivado, es apreciado y consumido, sobre todo por las comunidades de las tierras altas y ocasionalmente comercializados en mercados locales.
En la Sierra Norte de Puebla se consume en el desayuno, ya que, al ser pesado de digerir, reduce la sensación de apetito, lo que permite realizar las faenas cotidianas e ingerir alimentos hasta seis u ocho horas después.
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